El Miércoles Santo, a las diez en punto de la noche partían desde las puertas de la sede provisional de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús las cofradías de la Convocatoria y de Nuestro Padre Jesús de la Caída, mientras que la cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y de la Paz, lo hizo también desde el Templo Arciprestal de la Inmaculada Concepción.
Pero sin lugar a dudas el momento más emotivo del Miércoles Santo torrevejense se vivió cuando las imágenes de Nuestra Señora de la Esperanza y de la Paz y la de Nuestro Padre Jesús de la Caída, se encontraron en una abarrotada intersección de las calles Ramón Gallud y María Parodi en las que no cabía un alfiler. Allí, con la marcha real como sintonía, la Virgen se arrodilló tres veces al encuentro con su Hijo, al tiempo que éste era alzado en otras tantas, en una tarea compleja de los costaleros de ambos pasos dirigidos por Juan José Ruiz y Manuel Gómez.